Un mundo de muchas blockchains

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Cuando hablamos de “blockchain” no estamos hablando realmente de una tecnología, sino de un paradigma. De una forma de plantear el funcionamiento de los sistemas. De hecho, el conjunto de tecnologías que conforman blockchain ya existía desde hace tiempo y fue a partir del nacimiento de Bitcoin cuando su conjunción con un enfoque y modelo determinados definieron lo que conocemos como blockchain.

Sin embargo, y tras una década de evolución, no podemos decir que bajo el término blockchain encaje una definición claramente focalizada y acotada, sino más bien estaríamos hablando de un paraguas que alberga distintas variantes que comparten una esencia conceptual pero distintas características. El escenario actual es fruto de la exposición a la realidad del primer planteamiento original de blockchain y muestra distintas orientaciones que pretenden desarrollar la capacidad transformadora del paradigma en diferentes contextos.

Bitcoin, como punto de arranque, y dada la dimensión mediática que ha llegado a alcanzar, es el asidero al que todo el mundo se agarra cuando blockchain entra en escena en un primer contacto. Bitcoin es una red blockchain pública y, como tal, permite que cualquier persona incorpore un nodo a la red sin más explicaciones que el cumplimiento de las reglas tecnológicas del juego. Su mecanismo de consenso mediante un esfuerzo computacional y un consumo energético altos (Proof of Work) y la existencia de recompensa a los mineros y del pago de una cuota por transacción encajan con su concepción como red pública que debe ser incentivada en su crecimiento y protegida en su funcionamiento en un entorno no controlado y potencialmente hostil. Con sus más de 10.000 nodos actuales, Bitcoin es probablemente el mayor caso de éxito de la aplicación del paradigma blockchain y, al menos en el plano tecnológico, ha creado un “sistema monetario” alternativo capaz de funcionar sin una autoridad central y se ha demostrado invulnerable en cuanto al funcionamiento de su protocolo.

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Sin embargo, la expansión de blockchain hacia otros casos de uso y contextos de aplicación pronto reveló que el modelo de red pública establecido por Bitcoin presentaba grandes dificultades de generalización y adecuación a diferentes requisitos. El surgimiento del paradigma blockchain permitió recuperar el concepto de smart contract y avanzar hacia su aplicación práctica en un sentido completo.

Al mismo tiempo, la necesidad de enriquecer las capacidades de operación en un ecosistema blockchain y de poder utilizarlo con un enfoque generalista abonó el terreno para el nacimiento de Ethereum en 2015. Ethereum, que se origina también como una red pública, posibilita la implementación de smart contracts mediante un lenguaje Turing completo propio (que teóricamente permite resolver cualquier problema computacional mediante programación) y sienta las bases para el desarrollo de dApps, aplicaciones distribuidas que sustituyen el tradicional back-end centralizado por el uso de smart contracts distribuidos en una blockchain. Adicionalmente, en el mundo Ethereum, la creación de estándares de tokenización (para crear tokens personalizados), como ERC20, permitió evolucionar el concepto de criptoactivo más allá de las criptomonedas y fue la clave para la explosión de las ICOs, revolucionando la financiación de muchas startups y transformando el mundo del capital riesgo.

Hacia el blockchain corporativo

Cuando, ante la notoriedad que adquirió el nuevo paradigma nacido con Bitcoin y su potencial teórico, las empresas se suben a la ola de blockchain, los planteamientos existentes se confrontan con nuevas situaciones en el ámbito corporativo. Y lo que ocurre es que, debido a su naturaleza, las redes públicas (y Bitcoin y Ethereum lo son) tienen varias limitaciones cuando pensamos en aplicaciones de tipo empresarial:

  • Requieren de un pago en criptomoneda asociado a cada transacción, y las criptomonedas se caracterizan por tener una cotización altamente fluctuante. Estas condiciones, que dificultan las previsiones de costes por utilización, hacen compleja la definición de modelos de negocio que se basen en transacciones en redes públicas y se muevan dentro de parámetros de bajo riesgo.
  • Por su naturaleza, requieren que el consenso se adquiera mediante algoritmos como Proof of Work (PoW), que son computacionalmente costosos y consumen muchos recursos.
  • Son redes que han crecido hasta tener miles de nodos y su modo de funcionamiento hace que su rendimiento no sea alto ni tampoco el tiempo de confirmación de las transacciones pueda ser previsible.
  • Son ecosistemas totalmente abiertos que requieren hacer consideraciones respecto a la privacidad y protección de la información.

Como vemos, el enfoque de red pública, que aporta un gran valor desde la óptica purista de blockchain al presentar una red masiva y que teóricamente nadie podría controlar para alterar la información de las transacciones, resulta difícil de adoptar al enfrentarse a muchos casos de uso. De esta reflexión surgieron varias iniciativas con el objetivo de poder hacer realidad las aplicaciones empresariales de blockchain. Y en todas ellas se introduce un enfoque diferente: redes blockchain privadas/permisionadas en las que debe haber una admisión para participar, la identidad de los participantes es requerida y es posible definir roles basados en permisos.

Este enfoque de redes privadas se acomoda bien a escenarios en los que varias organizaciones plantean la creación de una infraestructura blockchain común a medida sobre la que llevar a cabo casos de negocio que las involucran. Este contexto es diferente al contexto de red pública que hemos visto previamente, en cuanto a que no estaríamos a priori ante un entorno potencialmente hostil y el nivel de confianza de partida entre los participantes es bastante más elevado. Esto hace que los mecanismos que utilizan las redes públicas para alcanzar el consenso y proteger la red de usos indebidos sean menos necesarios y nos lleva a modelos de funcionamiento que mantienen la esencia del paradigma blockchain, pero con particularidades reseñables.

En primer lugar, los algoritmos de consenso son mucho más eficientes computacionalmente y permiten una verificación de transacciones mucho más rápida. Entre estos mecanismos de consenso en el ámbito de redes privadas podemos encontrar Kafka, Proof of Elapsed Time (PoET), Raft o distintas variantes del BFT (Byzantine Fault Tolerance). Adicionalmente, la naturaleza de la red privada y el entorno controlado en el que ésta opera,  hace que pueda no ser necesaria la existencia de criptomoneda asociada a la red ni el pago por transacción, por lo que las consideraciones en cuanto al coste por uso también varían notablemente.

En el ámbito de Ethereum, ante las evidentes limitaciones de la red pública para dar respuesta a las necesidades de los entornos corporativos, ha surgido Quorum. Quorum, lanzado por JPMorgan, nace como una plataforma de smart contracts de alto rendimiento pensada para proyectos empresariales. Permite la definición de redes permisionadas utilizando como base el código fuente de Ethereum y ofrece la posibilidad de definir políticas de acceso a la información a nivel de cada transacción, asegurando la privacidad. En Quorum el mecanismo de consenso de la red se puede personalizar, utilizando distintas variantes que se alejan del PoW y permiten adaptar la solución tecnológica al caso de uso específico.

En una línea similar nació Parity. A diferencia de Quorum, que es una evolución del cliente Geth de Ethereum, Parity es implementado desde cero, e incorpora un nuevo algoritmo de consenso denominado Aura (Proof of Authority). Lo más destacable de Parity respecto a Quorum es que la gestión del consenso y el permisionado se pueden hacer con smart contracts de manera más avanzada y flexible. Asimismo, se puede conseguir mayor control de privacidad de las transacciones mediante su sistema Secret Store.

También a nivel de consorcio se han realizado esfuerzos colectivos por avanzar hacia la definición de un estándar open source para la industria basado en Ethereum. En este sentido, desde inicios de 2017, la Enterprise Ethereum Alliance (EEA) conecta a grandes empresas, entidades educativas y proveedores de tecnología con expertos en Ethereum con el objetivo de construir juntos la base tecnológica blockchain que permita definir software empresarial capaz de soportar aplicaciones complejas y de alta demanda que requieren los negocios.

Por su parte, en el seno de la Fundación Linux hace algo más de tres años arrancó la iniciativa Hyperledger, con el objetivo de proveer un sistema open source de ledger distribuido para proyectos empresariales, con un enfoque de red permisionada. A día de hoy, más de 250 compañías, entre las que se encuentran grandes empresas internacionales, configuran un consorcio que ha generado un ecosistema formado por un conjunto de proyectos que se han ido liberando a la comunidad.

Hyperledger Fabric destaca por su grado de expansión en cuanto a proyectos y plataformas blockchain

Dentro del ecosistema Hyperledger, Hyperledger Fabric destaca por su grado de expansión en cuanto a proyectos y plataformas blockchain. Fabric, contribución principal de IBM al proyecto de código abierto Hyperledger, ofrece una alta tasa de transferencia, resiliencia y confidencialidad para la construcción de soluciones blockchain según una arquitectura modular que permite dar una respuesta flexible y solvente a las complejidades existentes en los entornos de negocio empresariales. Pensado para aplicaciones blockchain en el ámbito corporativo, Fabric pone el foco en el rendimiento y la privacidad y ha ido incorporando, hasta llegar a su versión actual 1.4, diferentes capacidades que hacen posible el establecimiento de “subredes” entre distintas organizaciones (por medio de canales), el manejo de colecciones de datos privadas o el planteamiento de despliegues orientados a entornos productivos.

Fuente: Un mundo de muchas blockchains

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